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Salvador Gallardo Ochoa

Nacido en Colima el día 9 de julio de 1913, descendiente de caracterizadas familias de la localidad, desde niño sintió inclinación por la carrera de las armas.

Cuando tenía la edad mínima para ser admitido en el Colegio Militar, ingresó a esa institución castrense, de donde egresó en el año de 1934.

El amaba el espíritu militar, pero le desagradaban las prácticas injustas que se llevaban a cabo con los alumnos de primer ingreso que eran víctimas de novatadas a las que en el Colegio se les llamaba "pócimas", consistentes en bromas y castigos brutales con los que se escarnecía a los novicios por parte de los alumnos más antiguos. El las sufrió en carne propia, y en años posteriores, intervenía en defensa de los recién ingresados.

Desde estudiante tuvo predilección por la caballería, habiendo destacado en competencias ecuestres de salto. Al escoger, como especialización esa arma del ejército, al graduarse fue destinado a diferentes Regimientos.

El primer lugar a donde fue comisionado fue el 34 Regimiento de Caballería de guarnición en Lagos de Moreno, Jal. Estuvo también en Atotonilco, Ameca, así como en la -Hacienda de Etchegaray , en el Estado de México.

Cuando pertenecía al 17 Regimiento de Caballería acantonado en Sayula, Jal. , en 1946, contrajo matrimonio con la Srita. Genoveva Rodríguez.

Después pasó a Muzquiz, Coah.

Con el tiempo, su espíritu humanitario y su bohemia no simpatizaron con el excesivo rigorismo militar y solicita su baja en el Ejército.

El había sido compañero en todos sus estudios, desde la educación primaria, de Miguel Bracamontes García y en 1952 cuando el entonces Mayor del Ejército asumió la Presidencia Municipal de Tecomán, invitó a Salvador a colaborar con él. Como no se avinieron en sus criterios, Salvador que en esa época tenía el grado de Mayor del Ejército, una vez retirado, buscó su rumbo propio. Corría el año de 1953. Con el apoyo y estímulo de varios ciudadanos tecomenses, se aventuró a instalar en la playa de Boca de Pascuales un restaurante de mariscos, comprando la concesión que para ese ramo tenía Jorge Solórzano.

Con gran intuición del porvenir turístico de la zona, pensó en conservar los gustos típicos que los costeños hemos tenido siempre, buscando cierta comodidad en el inclemente clima y que también son comunes a los viajeros del interior de la República que nos visitan, consistentes en la frescura, que brindan las enramadas de palapa y el placentero descanso en las hamacas. Así construyó una extensa enramada y dispuso la colocación de un gran número de hamacas de acapán, lo más representativo de nuestra costa, poniéndolas al servicio de sus clientes.

Siendo la cocina de mariscos muy limitada en las antiguas enramadas ya instaladas y reducida al pescado frito y al caldo de mariscos al natural, contando con el apoyo total y la presencia permanente en el negocio de su esposa la señora Genoveva, le dio variedad al menú, enriqueciéndolo con otros platillos gracias a la habilidad culinaria de Doña Geno,

El guiso que más éxito le dio, los langostinos al mojo de ajo, no se conocía en la región ya que estábamos acostumbrados a comer el doméstico y natural caldo de chacales. Fue la investigación de su parte, lo que hizo que conociera esa forma de prepararlos, ya que en otras partes de la República ya se conocía ese platillo, conquistando con este manjar, el paladar de los gastrónomos más exigentes.

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Era el tiempo de la fiebre del oro blanco en Tecomán, cuando las efímeras siembras de algodón ofrecieron halagadoras esperanzas y dejaron amargos desencantos.

E1 auge financiero de esos años, fue un gran impulso para el negocio de Salvador en Pascuales , que fue bautizado por él como "Las Hamacas del Mayor" .

Así nació la leyenda de "E1 Mayor de Pascuales", lugar de reunión de la gente de buen gusto en el comer.

Su renombre trascendió más allá de los límites del Estado y se hizo famoso en Jalisco y otros lugares de la República.

No ha habido personaje distinguido, nacional o extranjero que al visitar nuestro suelo, no haya acudido a disfrutar las deliciosas comidas que allí se preparan.

En lo físico era Salvador de estatura regular, esbelto, de tez clara, de facciones correctas y de perfil griego. Era de "buen humor, de carácter irónico y conversador ameno.

Con frecuencia se daba a la disipación y a la bohemia, sin desatender su negocio, que firme como estaba con el pilar de Doña Genoveva, siguió prosperando.

En sus arrebatos dionisíacos solía recitar una composición lírica de la que era autor, que decía así :

"José Alejandro del Divino Salvador Gallardo y Ochoa, de la rancia y decaída aristocracia colimen§e, Marqués de Puertas Guatas , Conde de La Gloria, Duque de Huazango, Ghorumbo, Maruata, Estopila y Cuasilillo, Soberano Rey de Pascuales, por la gracia de Dios y de Genoveva, madre de mis hijos, que tanto trabaja para que yo me emborrache."

Su hijo Enrique, que se graduó de Piloto Naval y trabajó nueve años en esa actividad en la Marina Mercante, siempre lo apoyó para el engrandecimiento del negocio.

Así fue como adquirió otros lotes colindantes, haciendo de mayor extensión el restaurant, que aumentó su fama.

El mismo Enrique se preocupó de hacer crecer la lista de platillos que fueron del agrado del público.

El negocio se ha conservado estable ante los desastres que los huracanes causan en estas playas en forma frecuente, y en diversas ocasiones rehizo por completo las instalaciones dañadas por los elementos, naturales.

Cuando la salud de Salvador se hizo precaria, Enrique acudió a su lado, se retiró de su profesión y auxilió a sus padres en la conducción del negocio, invirtiendo sus ahorros en esa empresa.

Al sobrevenir el desenlace temido el día 7 de julio de 1978, el ejemplar hijo se hizo cargo del famoso restaurant y respetando la idiosincracia y criterios de su padre, conservó el nombre del establecimiento que fue engrandecido. Exhibió sus fotografías rindiéndole culto e hizo que la leyenda de “EI Mayor de Pascuales” creciera, siempre con el respaldo digno de elogio y admiración de parte de su madre Doña, Genoveva y de su hermana Micha.

Después de la trágica desaparición de Enrique y pese a los duros golpes asestados por el mar, sigue siendo una negociación próspera y de gran prestigio, conservada por Doña Geno y su hija Micha.