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Macario Castrejón era un joven originario de Cerro de Ortega que impulsado por su inquietud espiritual, siempre insatisfecha, viajó a Guadalajara para recibir una instrucción superior, apoyado por su padre. Pertenecía a una familia que vivía con desahogo, pues su padre, Don Macario Castrejón era propietario de terrenos, huertas de palma y de plátanos, así como de ganado. Dominado por su innata inquietud, abandonó sus estudios y se reintegró a su hogar en Cerro de Ortega en donde alternaba la fatiga de las labores agrícolas, con la existencia del joven fogoso, ávido de imprevistos que reclamaba su propia condición, que según un amigo suyo, "se encendía a la primera chispa". Poco tiempo después de su regreso a Cerro de Ortega, falleció su padre, quedando él a cargo de sus propiedades. El concepto de hombría era para él un verdadero misticismo. Era excelente amigo, siempre dispuesto a brindar generosidades y pruebas de amistad, lo mismo que a los derroches. Disfrutaba de generales simpatías pero tenía una susceptibilidad muy sensible a los comentarios mal intencionados, a las injusticias, a las burlas hirientes o manifestaciones de deslealtad, en suma, era de sangre caliente y lo que el pueblo ha llamado "no dejado", pues en cualquiera de esas manifestaciones reaccionaba al instante en defensa de su amor propio y sin medir consecuencias, se resolvía a enfrentarse a cualquier situación. Era en fin, decidido y audaz.

En los días en que sucedieron los hechos que relataremos, era un joven alto, apuesto, como de 25 años de edad.

Un día, llegó el fin trágico de su pujante juventud. Fue el día lunes 2 de julio de 1556.

Antes de describir como fueron los acontecimientos finales en la vida de este atrevido joven, para mejor comprensión, permítasenos hacer la siguiente digresión: En la época en la que sucedieron los hechos aquí relatados, no existía puente sobre el Río Coahuayana. Durante la temporada de secas se construía un vado en el río a base de chiquihuites rellenos de piedras, formados por estacas amarradas con alambre, para el paso de los carros, en línea recta entre Cerro de Ortega y San Vicente, Mich. .Durante el temporal de lluvias el paso del río se hacía en canoas en un lugar distante como 3 kilómetros al noreste (¡atención capturista, debe decir noreste!) de Cerro de Ortega. Ya una vez al otro lado del río, se llegaba a Coahuayana. En este lugar en donde se hacía el paso en canoas, del lado de Colima, existía una ramada grande donde se vendían comida y bebidas. Hecha esta aclaración daremos paso al relato de como sucedieron los hechos.

Como dijimos antes, era el lunes 2 de julio de 1956. Como a la una de la tarde, llegó a esa ramada Macario acompañado por su sobrino Florencio Castrejón. Días antes, Macario había sabido que un teniente comandante de la partida militar de Coahuayana, había molestado a su novia, con la que pretendía casarse. En la ramada había un grupo de músicos que interpretaban las melodías que les solicitaban. Macario y su sobrino pidieron unas cervezas y ordenaron música. Un rato después llegó una canoa procedente del otro lado del río y en ella venían el teniente de la partida de Coahuayana y dos acompañantes civiles que eran residentes de esa población. Los recién llegados tomaron asiento y entonces Macario, desde el lugar en donde se encontraba, les mandó invitar unas cervezas y no aceptaron. Macario insistió en que aunque fuera un refresco recibieran y tampoco lo aceptaron, pero ellos por su cuenta pidieron refrescos. Entonces Macario se dirige al teniente y le pregunta qué pieza quiere que le toquen los músicos. El teniente rehusé el ofrecimiento.

Macario y Florencio iban armados. Cada uno portaba una escuadra 38 súper. El teniente no llevaba arma de fuego, solamente traía en el cinto un cuchillo de monte. Uno de sus acompañantes sí iba armado y el otro estaba desarmado. Después de la negativa del grupo del teniente de aceptar sus invitaciones, Macario se puso de pie y descargó su pistola hacia el techo. En eso se puso de pie el teniente y dirigiéndose a Macario le dijo:

- Si vuelve a disparar su pistola, lo voy a desarmar. Después de esa advertencia del teniente, Macario le quitó el cargador vacío a la escuadra, le metió otro y en seguida hizo un disparo hacia el piso, que era de tierra. El teniente le dijo:

- Le advertí que si volvía a disparar lo iba a desarmar, ¡entrégueme el arma! Macario le contestó:

- A la única a la que le entregaría el arma sería a mi madre, de ahí en más, a nadie se la entrego.

El teniente avanzó hacia donde estaba Macario y éste le disparó varias veces hiriéndolo de muerte. Al ver eso, el acompañante del teniente que iba armado, quiso hacer fuego sobre Macario, pero recibió un tiro en el hombro, que le tiró la pistola. No se supo al final si el mismo Macario le dio o fue el sobrino de Macario el que disparó, pues igualmente estaba armado. En la balacera también resultó muerto por accidente un músico y otro quedó herido, así como el acompañante del teniente que estaba desarmado, resultó con una herida en una pierna.

Como Macario había quedado sin tiros, le dijo a su sobrino Florencio:

-Dame tu pistola y llévate la mía, anda con mi cuñado Rafael y le dices que me busque en El Balcón", hoy mismo, ya oscureciendo, allí lo voy a estar esperando, que se lleve mi camioneta y que me eche un pitido, porque voy a estar escondido, ¡pélale!.

Macario agarró el monte y se fue a Cerro de Ortega. Llegó por la parte trasera de su casa y brincó la cerca del corral. Su madre no se encontraba en la casa, solamente estaba una sobrina a la que le dijo:

-Avísale a mi madre que vine, voy a tomar dinero de la petaquilla y ya le avisaré donde estoy.

Volvió a tomar el monte a pie. Hubo aviso a Coahuayana de lo sucedido y los soldados de la partida militar se vinieron a rastrear el monte buscando a Macario. También la policía de Tecomán recibió aviso y fue a Cerro de Ortega a perseguir a Macario. Ya muy tarde, antes del oscurecer, Macario estaba cerca del puente del canal que pasa por el rancho de El Balcón", fuera de la vista de los que viajaban por la carretera. Hasta ese sitio llegó uno de los soldados que andaban rastreando en el monte, que no lo conocía y le preguntó:

-¿Qué está haciendo aquí? -. Macario le contestó:

-Vine con un compadre que anda agarrando unos animales aquí cerca y lo estoy esperando - . El soldado preguntó:

-¿Ha visto a un individuo de estas señas y estas otras?.

-No, no lo he visto-, contestó Macario.

El soldado se retiró y salió a la carretera, pero muy cerca de allí, a unos cuantos metros, estaba la camioneta Willys de la policía de Tecomán, que estaba esperando verse con los soldados que andaban en el monte y al mando de la policía iba un hombre originario de Chiquihuistlán, avecindado en Tecomán que conocía bien a Macario y era hasta su amigo, según se dijo después. Al llegar a la camioneta de la policía el soldado que había hablado con Macario, el que comandaba a los guardianes del orden le preguntó:

-¿No lo ha visto?. El soldado le dijo:

-Allí está un hombre que dice que está esperando a un compadre y es de este modo y de este otro.

¡El es!, contestó el que jefaturaba a los policías. ¡Mátenlo!. El vehículo de la policía se encaminó a donde dijo el soldado que había visto al desconocido y como el carro de Macario en el que esperaba que llegara su cuñado Rafael a buscarlo también era Willys, cuando oyó un pitido igual al de su camioneta, salió del escondite a la carretera y allí, entre soldados y policías lo -acribillaron sin darle tiempo de hacer un solo disparo.

Así fue el doloroso final de un hombre joven que derrochó por igual su dinero y su vida y que fue ejemplo de pundonor y valentía. Su muerte también ejemplifica la violencia propia de otras épocas, que se enseñoreaba en el valle de Tecomán.

En su recuerdo, queda una cruz de cemento, pintada de blanco, a la vera de la carretera que va de Tecomán a Cerro de Ortega, cerca de la vereda que sirve de entrada a la rústica casa del rancho El Balcón", que tiene una inscripción que dice :

MACARIO CASTREJON G ALINDO

+ El 2 de julio de 1956

Recuerdo de la familia CASTREJON GOMEZ.