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Así Era Tecomán

LOS PASTORES

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Las más arraigadas tradiciones populares de Tecomán, han estado relacionadas con el aspecto religioso y con el aspecto cívico social. En el aspecto religioso ya hemos hecho referencia en capítulos anteriores, al culto de la Virgen de la Candelaria, a su Novenario anual, festejo del cual forman parte el convite de los Angelitos y la salida en Andas de la Virgen junto con el desfile de carros alegóricos. Hoy hablaremos de una tradición también ligada a la religión, que se ha ido extinguiendo, tomando en cuenta la importancia que tenía en la antigüedad: las pastorelas, a las que popularmente se les conocía con el nombre de los Pastores, de los cuales existían varias cuadrillas en la población.

La pastorela es una narración con canto y sin música, en la que los ejecutantes visten ropajes especiales y que muy probablemente en su forma original, fue traída por los españoles, tomando después matices especiales de nuestra ideología y nuestra raza. Es una escenificación o representación que puede catalogarse como teatral y que se lleva a cabo como uno de los festejos anuales que se efectúan para recordar el nacimiento de Jesús.

El más antiguo director de grupo de pastores que se recuerda en Tecomán, fue Plácido Bañales. Después fueron Braulio Angel, hijo de Damiana Cisneros y Rodrigo Quiroz.

La interpretación que hace el grupo de personas que forman una pastorela, es tradicional que tenga lugar en el templo de Santo Santiago el día 24 de diciembre, después de la misa de media noche y frente al Niño Jesús. También el día 6 de enero le cantan al Niño Dios, cuando se le levanta del Nacimiento. En el intervalo entre esas dos fechas, los pastores son solicitados para hacer cantadas, como ellos les llaman, en domicilios particulares en donde se ha puesto un Nacimiento y en las casas de los integrantes de la propia cuadrilla, ya que cada uno de ellos tiene derecho a que se haga una cantada en su domicilio.

Las obras que ellos interpretan de narración y canto, son llamadas coloquios, de los cuales existen varios tradicionales que han nacido de la imaginación de las personas que han tenido relación con la integración de los grupos. Los coloquios, más representados son: El Hijo Pródigo, el de la Virgen de Guadalupe, El Mercillero, el Siete Vicios.

La actuación del grupo siempre comienza con una caminata o alabanza para entrar al templo. Intercaladas a los cantos, están las partes narrativas o relaciones que cada uno de los personajes interpreta. A estos relatos los pastores les llaman entradas, que corresponden a lo que en el teatro se les llama parlamentos. También con un canto o caminata se retiran del templo.

Los cantos o caminatas, hablan de las montañas, de las flores, de los montes, del tiempo, del canto de los pájaros y de frases referentes al nacimiento del Niño Jesús, que tienen relación con los villancicos tradicionales.

El número de personajes que intervienen es variable, según el coloquio, pero básicamente la Pastorela se compone de los siguientes elementos, cada uno de los cuales se viste en forma especial:

Un director de grupo o empresario, que no actúa, sólo enseña en los ensayos y dirige.

Un primer mayoral, que a su vez, es la primera voz en los cantos, que los pastores llaman caminatas o alabanzas y que dirige la actuación del grupo.

El segundo mayoral, que es la segunda voz. Los dos mayorales forman parte del grupo de 8 pastores. A los restantes se les nombra segundos pastores o casqueros.

Dos gilas, a una de las cuales se le llama gila principal, que va siempre junto al mayoral, y que son caracterizadas por lo regular por niñas de mediana edad, con la finalidad de ofrecer contraste con la voz del mayoral, ya que la voz de la niña agudiza el canto.

Dos ángeles, siendo uno de ellos el Arcángel San Miguel.

Siete diablos que representan a los siete pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria (los pastores le llaman carne o tentación) envidia, gula, ira y pereza.

De ellos, el diablo mayor o Luzbel, es el director de la cuadrilla de diablos. Hay otro al que llaman Asmodeo o segundo vasallo de Luzbel.

Un ermitaño, un bartolo y uno o dos rancheros según el coloquio y que casi siempre son representados por niños de mediana edad.

El vestido usado en la antigüedad por los personajes de una cuadrilla de pastores, era en esta forma:

Los ocho pastores vestían con sombrero de fieltro, de ala ancha, volteada en uno de los lados el que daba a la posición del Niño Dios, porque el grupo tiene un acomodo fijo y se colocaban cuatro pastores de un lado y cuatro enfrente, de tal manera que los cuatro de una fila tenían el sombrero doblado de un lado y los cuatro de enfrente, hacia el lado contrario. El sombrero estaba forrado con tela del mismo color que el vestido, adornado con espejos y con flores de papel. Algunos sombreros eran adornados con perlas. La camisa era blanca, una capa color de rosa, un calzón bombacho del mismo color que la capa, que llegaba hasta la rodilla. El calzón tenía una jareta para sujetarlo a la pierna a la altura de la corva, mediante un cordón. Medias color de rosa y zapatos bajos o huarache de puntada. Este color en el vestido era el más usado, aunque era variable según el coloquio representado. Llevaban una vara larga, como de 2.5 metros de altura, llamada báculo, forrada de papel de color, adornada con figuras de hoja de lata, como cazuelitas, bulitos, pecesitos, etc. y en la parte superior llevaba flores y rematando la punta de la vara, una estrella, un gallo o la Virgen de Guadalupe. Al estar entonando sus cantos, los pastores se acompañaban rítmicamente golpeando esta vara en el suelo, lo que hace vibrar las figuras del adorno, produciendo un sonido acompasado.

Los ángeles iban vestidos con una túnica blanca, que cubría los tobillos y de amplias mangas, cubierto el rostro con un velo y grandes alas forradas de papel de china blanco.

Las gilas llevaban vestido blanco largo.

El vestido de los diablos era en esta forma: Luzbel, el diablo mayor, todo de rojo. Una corona forrada adornada con espejos, un velo, una capa larga, una chaqueta unida a una especie de falda que llegaba a la rodilla, (hoy viste pantalón largo rojo) medias rojas y huaraches de puntada. En el pecho llevaba una figura de corazón dorada o plateada. Tenía una larga cola. En la indumentaria actual ha desaparecido la cola. Otro diablo vestía de negro y representaba la noche o el pecado. Los restantes diablos vestían de rojo, con corona, sin capa. La ropa la llevaban estampada con figuras de animales repugnantes como alacranes, culebras y sapos.

El vestido del ermitaño era largo hasta los tobillos, de tela de jerga.

El bartolo vestía pantalón, chaqueta y sombrero negro de fieltro.

Los rancheritos vestían ropa blanca de manta con un gabán y sombrero de palma.

Los personajes que más entradas o relatos tenían, eran el mayoral, el diablo mayor y el bartolo.

En la antigüedad hubo una individualidad distinguida en estas interpretaciones, que fue Don Gilberto Rojas, que durante muchos años fue sacristán de Santo Santiago, que hacía una caracterización de Luzbel de tan acabada perfección, que su actuación hacía valer más la cuadrilla de la que formaba parte. Era muy disputada su participación por las diferentes pastorelas que existían.

Como los largos relatos o parlamentos que cada personaje interpreta deben ser memorizados, los ensayos de los pastores comenzaban con tres meses de anticipación y el lugar en que se efectuaban era muy concurrido por público de la población que acudía en forma numerosa a presenciarlos. En ese lugar se establecían vendimias callejeras como en todo acontecimiento.

En los días intermedios entre el 24 de diciembre y el 6 de enero, fechas en las que los pastores tenían compromiso con el templo, era solicitada su actuación, a la que llamaban cantadas, por vecinos del pueblo que instalaban Nacimientos en sus casas. Estas cantadas eran por la noche. En esos lugares, además del Nacimiento, se instalaba un aguinaldo, que en la antigüedad, antes de que hubiera luz eléctrica, consistía en una vela de parafina encendida colocada dentro de un farol rojo y situada en la punta de una vara muy alta, rematada por una estrella. Desde que hubo corriente, se usa un foco. Este aguinaldo servía de simbolismo de que en ese lugar estarían los pastores lo que atraía a una gran cantidad de personas a presenciar su actuación.

Estos grupos de pastores, por tradición, nunca han recibido paga fija. En los lugares a donde acuden a participar se les ofrecen cena y algunas veces algún donativo en dinero. La supervivencia de esta tradición, solamente se debe a la voluntad y afición heredada de sus ancestros de los participantes, que hacen erogaciones altas en el vestuario especial, por el sólo placer de cumplir esa inclinación.

En el Estado de Colima, en el lugar donde se recuerda que existieron pastores con más antigüedad, es en Coquimatlán, tal vez en relación con la tradición de los festejos en honor del Señor de la Expiración del Rancho de Villa.

En la actualidad hay pastorelas en Coquimatlán, Madrid, Tecomán, Armería, Manzanillo, Veladero de los Otates y Quesería.

En Tecomán, solamente existe un grupo de pastores llamado Pastorela Tecomán, que es dirigido por el Sr. J. Isabel Candelas Medina, que con su entusiasmo ha hecho que esa tradición sobreviva.

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