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Imagen1 (personajes esclarecidos)
Nacido en Tecomán en los albores del siglo XX un día del mes de mayo, hijo de Inocencio García Solís y de Sebastiana Nuñez y nieto de José de la Luz García , que fue propietario de Tecolapa y de las salinas de Guazango y Tecuanillo , a fines del siglo XIX.

Su niñez se vio sobresaltada con la presencia de las tropas carrancistas que irrumpieron en la población presionadas por los villistas.

Fue testigo cuando Luis B. Gutiérrez, apodado El Chivo Encantado, afamado asaltante que tomaba el nombre de la Revolución, saqueó las tiendas de Tecomán, al mando de 100 hombres que se decían soldados del general José Bueno.

La cruenta lucha revolucionaria empobreció al país, y sus habitantes tuvieron carencias de alimentos, riesgo en sus bienes, inseguridad en su trabajo, separación de la familia, pérdida de familiares y todas las calamidades que las guerras traen.

Muerto su padre a muy temprana edad, Carlos se dedicó a la vida del campo y luchó por lograr un mañana mejor para su familia.

Su adolescencia y juventud los pasó trabajando al lado de su tío materno, Don Bartolo Núñez, que por los años de 1920, 1921 y 1922, sembró arroz en Caleras.

Don Bartolo fue Presidente Municipal de Tecomán en dos períodos alternos.

Después de la muerte de su tío, Carlos García y Vicente Salazar, su hermano, se convirtieron en riegueros. Rentaban tierras en Galeras, Rancho Nuevo y Valenzuela y sembraban maíz.

Fue mediero, ejidatario, pequeño propietario, ganadero y político.

Aunque su escolaridad era poca, fue dueño de una mentalidad despierta, de aguda inteligencia y de gran perspicacia.

Vivió muy cerca de noventa años y conservó hasta los últimos días de su vida una vitalidad que envidiaría uno de sesenta, una lucidez mental sobresaliente y una memoria privilegiada. De gran aplomo y entereza, un conversador natural, que rápidamente traía al presente, lejanos acontecimientos expuestos con un orden y propiedad admirables.

De penetrante juicio, razonaba y sintetizada, exponiendo con la mayor claridad lo que decía.

Siendo primo hermano de Marciano Cabrera, llevaron una intimidad como si fueran hermanos.

Cuando lanzó su candidatura para gobernador del estado el Coronel Miguel G. Santa Ana en 1935, Marciano y Carlos, amigos del Coronel, incursionaron en la política.

Así, en 1937, Carlos llega a diputado local por Tecomán.

En esa época, el período de gobernador era de 4 años, el de diputado federal y diputado local era de dos años, y de presidente municipal, un año.

En la Legislatura del Estado de Colima, a la que perteneció Carlos García, llegó a ser Presidente del Congreso y gobernador interino en 1938, por ausencia del gobernador Santa Ana.

Este cuerpo legislativo hizo gestiones, que fructificaron, para lograr que el período gubernamental fuera de 6 años, para senadores cuatro, diputados federales y locales, tres, y presidentes municipales tres años. Esta gestión fue hecha en forma coordinada por todas las Legislaturas de la República, y la ley que le dio vigencia fue promulgada en los años siguientes.

Este cuerpo cantaral dio posesión al Coronel Pedro Torres Ortiz como gobernador de Colima, en 1939.

En los tiempos que siguieron a la Revolución y a la lucha armada cristera, la región tardó en pacificarse y hubo reacomodo de fuerzas políticas, ocasionando épocas turbulentas al instaurarse un nuevo orden social en el país. Los períodos de gobierno del Coronel Santa Ana y del Coronel Torres Ortiz, esa característica tuvieron, antes de que llegara la ansiada tranquilidad.

Al terminar el mandato del gobernador Santa Ana, con el advenimiento del nuevo gobierno, hubo en Tecomán hechos sangrientos que alteraron la paz de sus habitantes dando lugar a rencillas y odios personales.

Cuando Carlos García hubo terminado sus funciones como legislador, volvió a su vida del campo. Con posterioridad a esas fechas fue ejidatario en Chanchopa y ulteriormente pequeño propietario.

La vida del campesino siempre va ligada a la ganadería y él fue criador de ganado por más de 50 años, actividad a la que se dedicó hasta su muerte, y que algunos de sus hijos han abrazado.

Su sorprendente inteligencia natural, su memoria privilegiada y el aprovechamiento que supo dar a su larga vida, han contribuido en mucho a la reconstrucción del pasado reciente de Tecomán.

En uso de plena lucidez mental, falleció en Tecomán el día 17 de marzo de 1992 cuando estaba por cumplir 90 años de edad.